La importancia de los estudios antropológicos

Artículo de reflexión

Por qué Jorgina prefirió ser Jorge y la importancia de los estudios antropológicos.
Mª Edén Fernández Suárez
Dra. en Antropología Física


—¡Hola! ¿Eres Jorgina?
La muchachita que había en la otra cama se incorporó y observó a Ana.
Tenía el pelo muy rizado y corto, casi tan corto como el de los chicos. Su tez estaba soberanamente bronceada por el sol y sus ojos azules brillaban, enmarcados por un rostro singularmente bello. Pero su boca se torcía con una mueca de descontento y en la frente podía notarse un ceño similar al de su padre.
—No —dijo—. Yo no soy Jorgina.
—¡Oh! —dijo Ana, sorprendida—. Entonces, ¿quién eres?
—Yo soy Jorge —dijo la muchacha—. Sólo te contestaré si me llamas Jorge. Odio ser una chica. No quiero serlo. No me gusta hacer nada de lo hacen las chicas. Me gustan las cosas que hacen los chicos. Puedo trepar a los árboles mejor que cualquier muchacho y también nado como ellos. Remo mejor que lo pueda hacer un pescador de por aquí.

A buen seguro que todos ustedes han reconocido el fragmento trascrito líneas arriba. Efectivamente, se trata del primer encuentro entre Ana y Jorgina (Jorge) en el libro "Los cinco y el tesoro de la isla", de Enid Blyton. Libros que acaban de cumplir 75 años.
Hace unos cuantos años más, a finales del siglo XIX, un arqueólogo sueco, Hjalmar Stolpe, descubre, en la ciudad de Birka, una tumba vikinga en cuyo interior se halló un esqueleto humano junto con una espada, un hacha, una lanza, flechas de armadura, un cuchillo de batalla, escudos y dos caballos. Además, en el regazo del esqueleto se recuperó un juego de guerra , como un planning utilizado para probar técnicas de batalla y estrategias por lo que aquel esqueleto debía de pertenecer a un poderoso líder militar. Por aquel entonces se dio por sentado que era un guerrero. Un varón guerrero. ¿Quién si no un hombre iba a ser enterrado con un ajuar de semejante calibre? Visto lo visto, es lógico que Jorgina, no quisiera ser niña, y prefiriera convertirse en Jorge. Las niñas hacían cosas aburridas. No corrían aventuras como los chicos. Las niñas  eran temerosas y asustadizas. Se quedaban en casa, haciendo cosas del hogar. Si Jorgina hubiera sabido que aquel guerrero vikingo en realidad había sido una guerrera vikinga y que había sido una auténtica líder, quizá hubiera preferido seguir con su nombre (Jorgina) y con su aspecto de chica y no hubiera odiado el ser niña. Pues las chicas podían ser heroínas.
Tuvo que venir una osteóloga (persona que estudia los huesos), llamada Anna Kjllström, a hacer justicia y a dar al César lo que es del César. El esqueleto enterrado en la tumba de Birka era una mujer. Una líder guerrera. Más de un siglo después del descubrimiento se sabe la verdad.
La historia, los escritos, pueden mentir. Los restos óseos humanos, no. Los restos óseos cuentan verdades a quien sabe escucharlas. 

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